La primera definición consensuada de Enfermedad Celíaca se publicó en Acta Pediátrica en 1970. Actualmente, se define como una enfermedad multisistémica con base autoinmune provocada por el gluten y prolaminas relacionadas, en individuos genéticamente susceptibles (haplotipos HLA DQ2 o DQ8) y se caracteriza por: una serie de síntomas dependientes del gluten, anticuerpos específicos de Enfermedad Celíaca, y enteropatía.

Las manifestaciones clínicas de la enfermedad celíaca son variadas e inespecíficas, y pueden ser digestivas o extradigestivas. En ocasiones, los síntomas son tan leves que pasan desapercibidos, hablándose de “enfermedad celíaca asintomática”. En resumen, podemos encontrar distintas manifestaciones de la Enfermedad Celíaca, como son:

  • Sintomática o clínica: son personas con predisposición genética y atrofia de las vellosidades intestinales, por lo que mostrarán una serología, biopsia y test genéticos compatibles con la Enfermedad Celíaca. Entre los síntomas más comunes encontramos: vómitos, diarrea, mareos o problemas en la dermis.

 

  • Asintomática o subclínica: estas personas no manifiestan los síntomas que se relacionan, normalmente, a la Enfermedad Celíaca, aunque sí serán positivas el resto de las pruebas diagnósticas. Así, tienen daños en las vellosidades intestinales. Muchas de estas personas, al no sentir síntomas, no siguen una dieta sin gluten, o tienden a sufrir contaminaciones involuntarias sin ser conscientes.

 

  • Latente: son personas que con o sin síntomas y consumiendo gluten, tienen una biopsia normal o con aumento de linfocitos, pero sin llegar a la atrofia. Con el tiempo, acabarán presentando atrofia de las vellosidades, que podrá remitir siguiendo una dieta sin gluten.

 

  • Potencial: son personas que no presentan daños en el intestino, por lo que la biopsia no es compatible con la Enfermedad celíaca. Sin embargo, poseen una predisposición genética (positividad del HLA-DQ2/DQ8).